Grandes calamidades seguidas para un pueblo tan pequeño.
Pasará mucho tiempo hasta que nos recuperemos de la muerte tan dura de nuestro vecino Manolo Millón. Los informes pertinentes determinarán exactamente lo que ha pasado, pero no sabremos lo que pasó por su cabeza antes de quitarse la vida. ¿Cuál fue su último deseo? ¿A quién dedicó sus finales pensamientos?
Son casi las únicas lagunas turbias que nos dejó este hombre claro y sin aristas. Hombre al que todo el pueblo conocía y al que todos respetaban, incluidos sus rivales políticos y hasta sus compañeros de partido, que siempre son los peores.
Era una persona de derechas, de toda la vida. De derechas y que andaba por derecho. Un ser sereno y de entendimiento con quienes no pensaban como él. Además un tipo comprometido con su entorno y con su gente, que éramos todos.
Le conocí siendo él director del Instituto de Torrox, votado por los profesores que bien le estimaban. Le valoré cuando fue concejal de AP, en las más absolutas de las soledades de los tiempos difíciles. Luego le admiré cuando se hizo el alma mater, la hormiguita trabajadora, de un PP que comenzaba a despegar en un territorio de hostiles mayorías absolutas adversas. Definitivamente le quise cuando de un modo generoso me ayudó a diseñar (fue un pionero del uso del ordenador) la primera cabecera del Diario de
Huía del falso protagonismo de los mediocres y del divismo de los vanidosos. Pero ahí estaba: organizando, hablando con todo el mundo y tejiendo las redes de un aparato de partido que supo lanzar a Alberto Armijo hacia las máximas responsabilidades de gestión.
De hecho no sólo era la mano derecha del alcalde, sino un poco su cabeza, su lado más dialogante con otras formaciones políticas con las que nunca perdió los contactos personales.
Pero la vida pública no agotaba su gran capacidad de iniciativa. Fue uno de los máximos impulsores de
Ahora ha tomado una decisión definitiva y libre. Se ha querido bajar del tren pero nos deja a todos el dolor de pensar que lo tenía que estar pasando muy mal para hacer lo que ha hecho. ¿Seremos nosotros un poco responsables?
Seguro que Millón diría que no. Y habría que creerle igual que había que quererle. Hasta siempre.... Manolo.
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