Poco a poco el pueblo se va recuperando del horror de la muerte de Manolo Millón. La familia tiene que estar destrozada, a pesar de que durante el entierro demostró una serenidad admirable.
Ya se saben algunos detalles más de lo sucedido, pero nunca conoceremos lo que pasó por la cabeza del pobre Manolo desde que se pegó el tiro en la sede del PP hasta que decidió tirarse por el Balcón de Europa.
Las manchas de sangre, marcadas por la policía con unos conos de papel, señalaron el itinerario de la tragedia. Las gotas mancharon la calle Pintada, el Paseo y el lugar exacto desde donde se arrojó. Allí, junto a la estatua de Alfonso XII, había una mancha más grande y por tanto es seguro que Millón estuvo algunos largos segundos pensando y parado antes de lanzarse al vacío. ¿Qué pensó entonces? En fin....
Lo cierto es que en el entierro, muy multitudinario, se vieron a personas venidas de lejos y a mucha gente del pueblo y no sólo a cargos del Partido Popular. Eso sólo tiene un significado. Que a Manolo Millón se le apreciaba de un modo sincero. Esa es una certeza que al menos le debe quedar a la familia: que era una persona querida y respetada.
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