PLAYAS ACCESIBLES

Hace ya varios años tuve la ocasión de acompañar a los miembros de AMIVEL –la asociación de discapacitados más importante de la comarca de la Axarquía- a ver las playas adaptadas en Fuengirola.

Paco Aguilar y yo comprobamos cómo en aquel territorio tan próximo el tratamiento de este tema estaba a años luz de cómo se encuentra en la Costa Oriental.

¿Tanto cuesta ser justo con las personas discapacitadas? ¿Qué nos han hecho ellos para que les tengamos tanto odio y desprecio? Y es que, aunque sólo sea por egoísmo debemos darnos cuenta que cualquier día, en cualquier momento, nosotros mismos o nuestros hijos podemos llegar a formar parte de este colectivo por desgracia cada vez más numeroso.

Los accidentes de tráfico y la prolongación de la edad de vida (siempre nos la estiran por el final) hace que todos seamos unos discapacitados en potencia.

Los discapacitados, tanto físicos como psíquicos no son “minusválidos”, ni mucho menos “subnormales”. Son personas tan válidas como nosotros, que cuentan con problemas que todos debemos ayudar a resolver. Y un simple inconveniente es el de poder bañarse en el mar.

Para remediar esta situación sólo hacen falta ganas de hacerlo. Nuestros concejales deben asesorarse. No se trata tan sólo de poner esos incómodos pasillitos de madera para que discurran las sillas de ruedas que luego acaban clavadas en la arena. Se trata de instalar, por ejemplo pasarelas elevadas que penetren unos pocos metros en el agua y que cuenten con un pequeño elevador para subir y bajar a estas personas que en el agua muestran unos condiciones totalmente diferentes y que disfrutan como niños felices sin peso.

Y no tengo espacio para más. Sólo me queda decir que estas playas adaptadas tendrán hasta más potenciales recursos turísticos –especialmente los chiringuitos- de todo tipo porque vendrán personas discapacitadas desde todos los rincones de Europa.

No sólo se trata de tener sentimientos de Justicia y Solidaridad, sino también de tener cabeza.

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