Creo que fue el profesor, poeta aficionado y exconcejal de Turismo de Torrox, José Antonio Olmedo, a quien se le ocurrió de inventar el lema de “Torrox, mejor clima de Europa”.
Si él no resultó el padre de tan inteligente idea espero que no me coma vivo algún airado torroxeño que, en cualquier caso coincidirá conmigo que esa idea “percha” –como dirían los actuales especialistas- se puso en marcha en aquellos tiempos en los que Ildefonso Mateos fue alcalde.
Bueno, que da igual quien fuera el cura del bautismo, lo importante es que la idea caló y que sirve por ejemplo de gancho para que se haya presentado un interesante proyecto de construir en la zona de Calaceite una especie de Hospital Privado, que al mismo tiempo será una residencias o geriátrico no para nuestros abuelos, sino ya para muchos de nosotros.
Aquel lema de los años 70 se mantiene vivo, pero también otro que anda oculto y que debería de terminar de una vez en este precioso pueblo. Y es que, si me permiten la expresión, el clima político que allí se disfruta es de verdad “cavernario”. Es decir, de los tiempos de las cavernas prehistóricas.
No conozco lugar en toda la Costa del Sol en donde existan tales diferencias, rivalidades y hasta odios políticos. Resulta penoso que vecinos de toda la vida se lleven “a matar” simplemente por tener diferentes maneras de pensar. En este sentido, no en otro, Torrox es un pueblo políticamente atrasado. O, por decirlo con otras palabras, los torroxeños no se merecen la clase política que tienen. No se la merecen.
Sus cargos políticos no ven simples rivales en los otros partidos, sino verdaderos “enemigos” a los que hay que machacar son saña. Así, son capaces de llegar a acuerdos o desacuerdos sólo con el cemento aglutinante de la venganza. Se denuncian, se amenazan, se insultan entre ellos a unos niveles que a los ciudadanos crispan. Y eso lo pagan cada día todos los vecinos.
Si él no resultó el padre de tan inteligente idea espero que no me coma vivo algún airado torroxeño que, en cualquier caso coincidirá conmigo que esa idea “percha” –como dirían los actuales especialistas- se puso en marcha en aquellos tiempos en los que Ildefonso Mateos fue alcalde.
Bueno, que da igual quien fuera el cura del bautismo, lo importante es que la idea caló y que sirve por ejemplo de gancho para que se haya presentado un interesante proyecto de construir en la zona de Calaceite una especie de Hospital Privado, que al mismo tiempo será una residencias o geriátrico no para nuestros abuelos, sino ya para muchos de nosotros.
Aquel lema de los años 70 se mantiene vivo, pero también otro que anda oculto y que debería de terminar de una vez en este precioso pueblo. Y es que, si me permiten la expresión, el clima político que allí se disfruta es de verdad “cavernario”. Es decir, de los tiempos de las cavernas prehistóricas.
No conozco lugar en toda la Costa del Sol en donde existan tales diferencias, rivalidades y hasta odios políticos. Resulta penoso que vecinos de toda la vida se lleven “a matar” simplemente por tener diferentes maneras de pensar. En este sentido, no en otro, Torrox es un pueblo políticamente atrasado. O, por decirlo con otras palabras, los torroxeños no se merecen la clase política que tienen. No se la merecen.
Sus cargos políticos no ven simples rivales en los otros partidos, sino verdaderos “enemigos” a los que hay que machacar son saña. Así, son capaces de llegar a acuerdos o desacuerdos sólo con el cemento aglutinante de la venganza. Se denuncian, se amenazan, se insultan entre ellos a unos niveles que a los ciudadanos crispan. Y eso lo pagan cada día todos los vecinos.
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