Me he enterado por nuestro común amigo Manolo Jaime que el arquitecto Bernardo Pozuelo se jubila. Vamos que cierra su estudio.
Por un lado, la noticia es triste, porque perdemos a un gran profesional. Pero por otro, me alegro por él en tanto que “jubilación” viene de “júbilo” y confío en que Bernardo se lo pase muy bien en los años que le queden.
De hecho, al final del siglo pasado, creía que se iba a morir y preparó un festejo de despedida –con fuegos artificiales y todo- en el Balcón de Europa. Incluso ya tenía el dinero reservado para ello y las instrucciones redactadas.
Menos mal que no se murió entonces y quizá es ahora cuando tenemos que hacerle entre todos un homenaje. Desde aquí apelo a ese colectivo medio dormido que es la Asociación de Empresarios –que él fundó y presidió-, para que impulse un reconocimiento público a este gran arquitecto.
Es más, el Ayuntamiento, del que él fue concejal de Turismo durante un tiempo, debería otorgarle el título de Hijo Adoptivo. Bernardo, aún no naciendo aquí, ha demostrado su cariño muy especial a esta tierra, tanto a Nerja como a Frigiliana (también allí hay que organizar algo). Siempre vivió aquí y siempre estuvo abierto a cualquier tipo de colaboración profesional con todos nosotros.
Se gastó mucho dinero personal en Nerja. Dinero que había ganado fuera y eso merece un respeto. A mí me ayudó mucho en los diferentes proyectos informativos (él siempre ha creído en la información libre) y me consta que lo ha hecho con mucha más gente. Ahora es la ocasión de devolverle ese apoyo y yo me comprometo a ello. Desde ya.
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