Al parecer ha despertado cierta polémica uno de mis últimos comentarios en el que criticaba los contenidos de “La nuestra”. Según algunas manifestaciones al respecto, ciertas personas dicen haberse sentido molestas con mi opinión en contra de esos programas de niños cantantes. Lo aclaro.

Considero que desde una televisión pública, que pagamos entre todos, aunque no la veamos, se debe cuidar la imagen que de Andalucía se proyecta al resto de España y al mundo entero, gracias al satélite. Y, desde mi particular punto de vista, la estampa que se trasmite de nuestra “nacionalidad” no es otra que la del topicazo, la de siempre: la graciosa, la de la basta de cola, la canción más rancia, las cofradías, las romerías, etc. Y creo que hay más.

La responsabilidad de estos contenidos es claramente política, puesto que los consejeros de la RTV –los que mandan-, son elegidos a dedo por los partidos. Y son estas personas, esbirros de las ideologías, los que miran al pasado en lugar del futuro.

En esta España de autonomías forzadas, algunos jefes sioux de los diferentes territorios han buscado en las raíces esa “identidad”, sobre la que construir un perverso discurso de gilinacionalismo. Esto es tremendo.

Así, en lugar de vender la imagen de una Andalucía emprendedora, dinámica y abierta, se bucea en las estampas de lo cutre.

Y es que no estoy en contra de que los niños canten, pero sí de que canten no por su boca, sino por la de sus bisabuelos a una realidad social que ya ha sido afortunadamente superada. Las “coplas” son en general machistas, reaccionarias, con tufo y además dicen cosas que ellos mismos no entienden. Una pesadilla con abanico.

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